Hoy voy a contarte una historia increíble. Una historia sobre
cómo el eterno devenir de la materia celeste forjó, movido por azarosos e inescrutables
impulsos, una bella esfera aguamarina engalanada con deslumbrantes amaneceres y
eternos mares danzantes… Sus dones nos serían concedidos, dignos custodios merced
a nuestra capacidad para pensar, sentir, reír, soñar, imaginar, amar…
También te diré que esta vida que nos es dada, es hermosa,
placentera y sensual. Que podemos explorar nuestra realidad viajando por tierras
lejanas rebosantes de naturaleza virgen y coloristas culturas de benevolentes dioses, o crear enigmáticos mundos en los que pasado, presente y futuro son arcilla
maleable en manos de nuestra infinita imaginación.
Que podemos absorber la belleza a través de cada poro de
nuestra piel, que una pieza musical es un orquestado complot para acariciarnos
el alma, y la fragancia de una flor puede hacernos viajar a un instante del pasado atesorado en
nuestra mente.
La huida de las nubes nos detiene en un profundo
reflexionar del que saldremos fortalecidos, mientras nos regocijamos en la triste agonía del otoño, preludio de un futuro renacer. Podemos
llorar por ojos ajenos, complaciéndonos en cada lágrima nacida de fuente
extraña y de pronto sucumbir extasiados a la risa.
Dones maravillosos, mas sin embargo sabemos que detrás de
cada uno de ellos nos acecha la muerte.

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